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Cecilio Arcas Barros

Cecilio Arcas Barros

Escrito por Pepe Morales

Intervención del autor en el II Memorial Cecilio Arcas Barros, celebrado en el Teatro Calderón, el 16 de Febrero de 2014.

Buenos días a todos y bienvenidos a éste emotivo acto. En primer lugar mostrar el agradecimiento a mi Hermandad de la Borriquita por confiarme este honor de poder hablaros desde mi personal visión, de un personaje importante por sus obras, y entrañable por su trato personal, que fue para tantos Cecilio Arcas Barros.

Para preservar un amigo 3 cosas son necesarias: honrarlo cuando está presente, valorarlo cuando está ausente, y asistirlo cuando lo necesita.

No se puede circunscribir a Cecilio en una sola faceta, con una sola perspectiva. Tal vez quienes solo lo conocieron en su trayectoria cofrade, tengan de él la exclusiva imagen de “ese señor que estaba en todas las procesiones”. Y es cierto que se hacía extraño no encontrarlo en cualquier acontecimiento cofrade, pero aun cuando en el mundo de la Semana Santa motrileña Cecilio Arcas fue emblema y “frente de procesión”, en su vida abarcó muchos más aspectos.

Desde su más tierna infancia le atrajo para siempre todo lo que rodeara a la Iglesia y sus liturgias. Por su madre, la cercana Victorina, supe de sus “altaricos” y “misas ficticias” improvisadas en su casa. Improvisadas pero no simples en sus formas, ya que siempre fue detalloso y perfeccionista en todo lo que emprendía.

De esa etapa infantil nació una de sus grandes devociones, uno de sus colores cofrades, el verde de su Virgen de la Esperanza, a la que colmó de cariño y a la que mimó, paradójicamente, con alfileres, engalanándola en tantas vísperas del Jueves Santo, bajo el palio de estrellas de nuestro cielo y con todas las inclemencias de la primavera motrileña.

Os decía antes que en la vida de Cecilio hubo muchas más cosas aparte de la Semana Santa. Otro de sus grandes logros fue el promover, junto a José Luis Escribano, Paco Hidalgo, Antonio Cruz, Fernando Pinos, Paco Carbonell y  Pedro Feixas, la Cabalgata de Reyes, que hoy día ha llegado a ser un acontecimiento tan importante y clásico de nuestras Navidades. Y es que Cecilio Arcas ponía todo su corazón y su esfuerzo en cuantas cosas salían de su imaginación y llevaba a realizar.

Los que lo habéis tratado lo recordareis siempre en la barra de algún bar o pub, a las tantas de la noche, pergeñando mil proyectos diferentes en una servilleta de papel. Sin saber quienes  le rodeaban, que esos apuntes, esos dibujos, serían, con toda seguridad, en poco tiempo, un nuevo paso de procesión, un estandarte de tal o cual hermandad o una de sus muchas “benditas locuras” en cualquier ámbito de la vida cultural y social de nuestra Ciudad.

Hablaba antes de su devoción nazarena, pero a la par que esta, ocupaba su corazón la Reina de Motril, la que vive en el Cerro, Ntra. Señora de la Cabeza. Yo creo que habiendo sido tanto en tantas hermandades, Cecilio se fue de éste mundo con una espinita, no haber sido Hermano Mayor de la Real Hermandad de nuestra Patrona. En esta devoción suya se compendiaba su debilidad por el culto mariano por un lado y su profundo motrileñismo por otro.

Todo lo que supusiera engrandecer a su pueblo le guiaba. Por esa razón última se metía en tantas “batallas”, sea fundando nuevas cofradías, en las que participó muy activamente, véase Buena Muerte, Perdón, Pasión, Santa Cena y otras que seguro me dejo atrás, como en “inventarse” la Cabalgata de Reyes a que aludía hace poco, o revitalizando el Carnaval, las fiestas de la Cruz y tantas otras actividades.

Pero estarán pensando mis hermanos “borriquitos”  ¿cuando va a hablar Luigi de Cecilio y su “burra”? Tranquilos, ya toca. Aun siendo miembro de la Junta de Gobierno del Nazareno, a Cecilio se le metió en la cabeza la idea de organizar la Cofradía del Domingo de Ramos. Y como bien sabéis, lo que se le metía en la cabeza, lo llevaba adelante en más o menos tiempo. Con la ayuda de algunos buenos amigos, de los que jamás careció, y con la oposición, también hay que decirlo, de otros, nuestro Cecilio sacó a la calle la Imagen de Jesús en la borriquita que poseía la hermandad del Santo Sepulcro, cesión ésta convenida con D. Francisco Posadas, en tanto perdurara la nueva Cofradía naciente. Hablar de la Borriquita desde su fundación y hablar de Cecilio es seguir un mismo camino. La mayoría del tiempo estando detrás de la escena, Cecilio trabajó por su Hermandad desde todos los aspectos de la vida cofrade. Lo mismo le daba gestionar en Sevilla, Granada o Murcia innovaciones para su cofradía, que agarrar la escoba y dejar el suelo de la casa de Hermandad reluciente, como patearse Motril en época otoñal, cargado de décimos de lotería, y siempre dándole vueltas a esa cabeza, inventando novedades, incorporando a la Hermandad savia nueva, muchos de los cuales hemos tenido el gran honor de servirla desde distintos puestos de responsabilidad. Esta obra suya sigue viva y cada vez más viva. Tuvo el gran acierto de concebir la Casa de Hermandad como un lugar de convivencia, en aquel añorado lugar de la calle Comedias, la primera que funcionó como tal en Motril y un hito pionero más en sus realizaciones. Ese enfoque original de lugar de encuentro para tertulias, comidas e intercambio de ideas ha tenido mucho que ver en la vitalidad y proyección de futuro de la Borriquita. Aquellos grandes ratos entre amigos con unas cervezas o  unas coles por medio sentaron unas sólidas bases fundamentadas en la relación humana, que propiciaron el auge de la Cofradía en todos estos años posteriores. Bases cimentadas en el más importante patrimonio de una hermandad, como es el capital humano y que Cecilio consiguió atesorar poquito a poco. De aquella humilde casa de Comedias pasamos al bajo del motrileñisimo Camino de las Cañas. Cambió el lugar, pero el espíritu de la Cofradía siguió siendo el mismo, aunque ya empezó a notarse el despegue en cuanto a patrimonio material; un paso nuevo para nuestro Cristo, realizaciones novedosas en los enseres procesionales… reflejo de los grandes cambios que en nuestra Semana Santa en general tuvieron lugar en esos años. Y llegó la oportunidad de adquirir una casa propia. Cecilio no se arredró en el reto, junto con los que le acompañábamos entonces. Con la nueva Casa de Hermandad vino casi a renglón seguido la rosa que le faltaba a su jardín de palmas y ramos. La soñada Virgen del Rosario se nos hizo realidad gracias al trabajo desinteresado de un gran amigo como es Miguel Angel López Montero, y que podemos disfrutar de la única Virgen motrileña por los cuatro costados y he de decir que me cupo el  honor de recibirla en la Cofradía siendo quien os habla Hermano Mayor. Creo que para nuestro Cecilio ese hito fue la culminación de su labor fundadora, que su Cofradia se hizo mayor de edad.

He querido dejar para el final aquello que me parece lo más importante del gran legado  de Cecilio Arcas para nuestro Motril y sus gentes. No es otra cosa que aquello con lo que empecé mi intervención. Y es que por encima de todas las cosas que hizo se sitúa la importancia de la AMISTAD en su vida. Nunca olvidaré lo que se vino a mi mente en el duelo tras su partida. La familia de sangre de Cecilio es muy corta en número aunque grande en valores, por eso al ver aquel día tantísimas caras conocidas, tantas personas que en un momento u otro habían desfilado a su lado, pensé, esta es tu otra familia Cecilio, la que has forjado día a día, a los que has querido durante tantos años, con los que has reído y llorado, con los que has discutido mil veces, has peleado y también abrazado. Desde esa personalidad apasionada para lo bueno y lo malo, pero que al final se abría con nobleza de corazón. Este fue  Cecilio Arcas para quien os habla, que me conté entre sus amigos, pero lo que perdurará a través de los tiempos en nuestro Motril será su obra ingente en la Semana Santa de la Ciudad, A los que lo quisimos en vida nos toca valorar su legado y por medio de este afortunado Memorial así lo hacemos. Descansa en paz querido amigo.

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