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Motril, Castilla, España

Motril, Castilla, España

Escrito por  David Rodríguez Jiménez-Muriel

A ocho días del mes de Rabi` Al-Awwal del año 906 (1 de octubre de 1500), los Soberanos Reyes Isabel y Fernando, dan asiento de las Capitulaciones, ordenanzas y leyes por las que han de regirse los motrileños de ahora en adelante, siendo testigo y secretario el escribano Fernando Vázquez, y todo ello ante Lorenzo Chacón, Pedro de Miranda y Cristóbal de Vargas, cristianos nuevos, estos tres, ávidos de poder, a los que se pedía, en nombre de todos los motrileños, depusieran su actitud belicosa y se rindieran por tercera vez ya, a las armas del Reino de los Católicos, señores de Castilla, de León, de Granada, de Aragón, de Sicilia, Córcega, Cerdeña, del Rosellón francés, del Algarve portugués, del Nuevo Mundo…

Estas capitulaciones de 3 de septiembre de 1500, se dieron en Granada por don Hernando de Zafra, el Real Secretario, según la voz de la Reina Isabel. En ellas, los soberanos monarcas católicos, renunciaban a sus derechos sobre los impuestos de alcabalas, alguacilazgos, y otros, en beneficio de una población cuyos diezmos y gravámenes recaerían en su propio provecho.

De Motril partía un año antes decenas de musulmanes rumbo a las costas de África. El miedo aún era notorio. Pero en la mente de la gran Reina no había otra cosa que mantener cerca del poder al enemigo, para así controlarlo. Así, Hernando de Castilla, antes Mamad Mogrid, era el nuevo alguacil. Los regidores de la villa, los también cristianos nuevos Lorenzo Chacón, al que ponen al frente de un amplio regimiento que luchó a las órdenes del Conde de Tendilla en la Conquista del Reino. Antón Maoli, lo mandan a Jolúcar. El alguacil que vele por la justicia de Motril, recibe 100.000 maravedíes para su función. El 25 del mes de Jumada Al-Akhirah del año de 906 (15 de enero de 1501), se apostan permanentemente tres guardas en la Torre del Chucho. Y dos años después, en 1503, el Conde de Tendilla recibe desde Alcalá de Henares, de manos de la Reina, el encargo de doblar defensas en las costas de Motril, porque amenazan los moros con desembarcar en actitud belicosa justo a la llegada de la luna nueva de aquel junio de 1503.

La población se adapta… Lo hace al ritmo de un Cabildo que guarda en un arcón de madera de nogal enchapado con forros de tela de seda hilada en su interior, sus valiosas capitulaciones. El alguacil vela por el orden de Castilla; los soldados, día y noche, desde las torres de Itenfalcazas a las viejas del Varadero, no escatiman esfuerzos, oteando el horizonte y los barcos que cruzan sus aguas.

Pero el poder es corrupto, es avaricioso. Albalaylan, moro de Albuñuelas, ya se fue a Berbería, pero dejó sembrada la herencia del odio y la sublevación. Aumentan los convertidos que “se han pasado allende”. Cultivos descuidados, dificultad para atender las moreras de la seda, ambiente que se enrarece en las calles de una villa que dirige Lorenzo Chacón, el mismo que se felicitaba ante los emisarios que mandó Toledo, dando cuenta que Alejandro Sexto, el Papa español, había promulgado en Roma la Bula de erección de un nuevo Templo para Motril, bajo la supervisión del Cardenal Primado de España, Pedro de Mendoza..

¡Falso! Tanta alegría ese mayo de 1502 tras conocer la noticia. Tantas algaradas y buenas nuevas con los miembros del concejo, como si de veras se alegrara de la nueva obra que verían los motrileños.

Pero Lorenzo, como Pedro de Miranda, no dejaban de ser conversos con ningunas ganas de respetar los nuevos órdenes de esta nueva época. Y esto lo confirmaba la necesidad que tuvo el rey viudo Fernando, de nombrar un Capitán General de la Costa. El jefe del mando militar, Iñigo de Mendoza, levanta en la punta oeste de la Playa de Poniente, en la zona que desde siempre fue de las pesquerías y pescadores de los motrileños, mayores posiciones de observación y de defensa, ese marzo de 1505.

Don Iñigo, escribía a Su Majestad:

“Señor, bien sé lo apenado que debe andar por la muerte de nuestra Señora la Reina, pero ha de saber que en Motril, el peligro no sólo viene desde África, si no que reside en la propia Villa”.

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