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San Sebastián, Patrón de Motril

San Sebastián, Patrón de Motril

Escrito por  David Rodríguez Jiménez-Muriel

Parece mentira que haya pasado tu día sin que nadie mueva un solo dedo, al menos, para mantener viva la historia cada vez más desvencijada de este Motril que cada año que pasa sufre otra derrota patrimonial y vernácula. Parece mentira que más allá del credo, de la fe, del sentimiento religioso o no, Motril se muestre satisfechamente olvidadiza, indómita, portaestandarte de una abulia apática que me remueve las entrañas mismas de mis raíces.

Parece mentira que el día de San Sebastián, desde que ardiera el contenido y el continente en aquel 25 de julio de 1936, la ciudad dormite y ni siquiera las voces autorizadas que debieran (y responsabilidad de ellas es) se atrevan a reclamar la recuperación de uno de los hitos históricos y devocionales del motrileño. Y os estoy acusando incluso a vosotros, mis amigos, mis hermanos, los mismos que tenéis un blog como este y no habéis aunado esfuerzos por vindicar la figura del Patrón.

Parece mentira que Motril sea la única ciudad que conozco con patrón pero sin figura a la que rendir culto; con patronato vacante, con protección intangible.

Parece mentira que desde aquel año de 1523, cuando una epidemia de peste se desata en la ciudad y el Cabildo de la Villa apele a la protección de uno de los santos más venerados en la Iglesia, se eche tierra sobre el pasado y sobre los lazos que vinculan con la idiosincrasia motrileña y nadie haya hecho lo más mínimo por devolver un espacio y un lugar, o al menos una Imagen decorosa, a los templos locales.

Y parece mentira que se quedara en agua de borrajas aquel 1999, cuando Curro y Antonio González, José Prieto, Manuel Terrón y un servidor nos fuimos a la Concejalía de Cultura y ante uno de los más capacitados y preclaros motrileños que es Manuel Domínguez, entonces concejal, le propusiéramos elevar un monumento a San Sebastián en el vacío urbano (tristemente ajardinado) frente a la Palma que fue el sitio donde estuvo la ermita del Patrón de una ciudad que se ha olvidado de sus tradiciones, de su pasado, de los hitos y fechas trascendentales y si además, es católico el motrileño, hasta de la fe y devoción de sus mayores. Lástima de elecciones que nos sorprendieron y dejaron al competente concejal sin la posibilidad de llevar a cabo el proyecto, con un boceto en barro que conservo en mi casa, y que cada 20 de enero saco de su estante acristalado para mirarlo de cerca y contemplar su hechura valedera y correcta que moldeó Ángel Asenjo Fenoy, el imaginero de las catedrales… Porque ante él, me pregunto, cada 20 de enero, qué hace de esta tierra un continente de desidia y pasotismo, reviviendo las palabras de Lorca, que hablaba de indolencia.

Parece mentira que un día después de la fiesta del Patrón de los motrileños, de San Sebastián Mártir, nadie con un espacio público haya querido reservarle un hueco a la historia, al patrimonio perdido, a la figura lacerante no ya del santo, sino del mismo Motril, y reivindicar, como yo ahora, la trascendencia jamás entendida por estos lares, que tiene el pasado. ¡Parece mentira que mi patria chica sea la única población del mundo occidental, con patronato sin patrón y con fiesta sin santo. Porque aquí, la oscuridad es más negra que en otros sitios…

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